Al fin Hall and Oates en Chile. por Jorge Núñez Lazcano

Hasta que llegó junio. Con el cambio de mes llega uno de los debuts en escenarios nacionales más esperados para todos los que nos criamos con equipos componentes 3 en 1, escuchando de rebote lo que ponían los adultos a la hora de carretear en sus casas (teniendo en cuenta que carretear fuera de casa era una verdadera odisea a comienzos de los 80s)

Hall and Oates, más allá de ser un dúo que es valorado como una de las más grandes propuestas de música pop de todos los tiempos, es parte de la banda sonora de la infancia y adolescencia de todos los que bordean y también pasan los 40 años.


Daryl Hall y John Oates se toparon a fines de los 60s por las extremadamente frías calles de Detroit – y ridiculamente calurosas en verano – en una ciudad marcada por dos cosas: La General Motors Y Motown Records. Se criaron manejando Pontiacs y Chevys en una metrópolis que vibraba al ritmo de los grandes artistas de música soul como lo fue The Temptations, The Supremes y The Marvelettes. Música negra que ebullía en paralelo de la época hippie de San Francisco que coronó en 1969 con Woodstock, que quiéranlo o no, era eminentemente blanco y de niños acomodados que gozaban de los privilegios de una sociedad que hasta ese momento estaba diseñada para ellos.


Música negra soul interpretada por blancos. Hemos visto esto en el hip hop con Beastie Boys, más recientemente con Mac Miller y al otro lado del océano con George Michael. Todos ganándose el respeto de un mercado y audiencia poco acostumbrada en esa época a lo interracial. La fórmula de Hall and Oates fue clara y no fue otra que una factoría de hits radiales que copaban absolutamente todas las radios por más de 30 años.

Es más, cuando hice la práctica en la extinta Radio Horizonte, un disc jockey de la vieja escuela me aseguró que si alguien intenta parar una radio, debe tener en su lista el puñado de viejas canciones de Hall and Oates. El éxito comercial lamentablemente no viene siempre con grandes derroches de talento y habilidad, sin embargo este no es el caso.


El 10 de abril del 2014 fueron inducidos al Salón de La Fama del Rock and Roll y el discurso de “Bienvenida” lo hizo nada más ni nada menos que Ahmir “Questlove” Thompson, el baterista de The Roots, confirmando que Hall and Oates es muchísimo más que una metralla de éxito de los ochenta
Después de 50 años de carrera, en la que acumulan 40 millones de discos vendidos por el mundo, canciones que son reconocidas como himnos con temas como “I Can’t Go For That”, “You Make My Dreams” y “Maneater” “Privates Eyes” vienen a enrostrarnos que para disfrutar de un pop elegante, habilidoso, lleno de conocimiento musical que siempre coqueteó con el sentido comercial hay que llamar a un par de viejas glorias, porque sencillamente ya no los hacen así.

Ya tenemos edad para pedir lo que queremos tomar y no tenemos que tomarnos los conchos de esos vodkas naranjas ochenteros, ni robar esos Advance de la cartera de la mamá. Ya no tenemos que escuchar detrás de la puerta cómo bailan y se divierten tus papás escuchando esa banda de música tan ridículamente atrapante. Ya tenemos edad para ir a disfrutar de lo que será uno de los bombazos del año en cuanto a recitales se refiere: los gigantes de Hall and Oates por fin llegan a Chile!

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