Carta. Por Raimundo Zabaleta

Guatón:

Ayer estuve tu concierto, fue totalmente estremecedor. Al verte ahí; tocando, bailando, sonriendo, me pareció sentir mucho más que solo acordes. No creo poder recordar una sonrisa parecida; tu boca era como media naranja que se completaba en extasiante simbiosis con tus ojos. Me dio la impresión que naciste para ser quien eres. Sinceramente, siento envidia, me encantaría que mi camino fuera por un sendero similar al tuyo. Recuerdo una frase que me dijo Flaca: “El Guatón me dijo que no se quiere morir, es que lo ha pasado tan bien”. ¿Qué es eso?¿Cómo logro ese resultado? Se que tengo solo veinte años, estoy recién comenzando mi vida adulta, sin embargo, no puedo comprender esas palabras, a pesar de que intento traducirlas una y otra vez a mi idioma, ningún resultado logra aproximarse ni un poco a lo que percibí en el show. Espero poder sonreír así algún día.

Además, es importante sumar a Flaca a la ecuación. Ella estaba sentada a mi lado, bailando, cantando y sonriendo con la misma fuerza que tú, lo que es mucho decir. Tal sincronía tampoco me cabe en la cabeza, es simplemente sorprendente. Tal vez por eso los amo, por que me sorprenden, y estoy seguro de que ustedes se aman también, sin comprender que significa amar de verdad, sé que lo hacen, y muy bien.

Otra cosa que me llamó la atención fue una frase introductoria a una sección específica del recital: “Vamos a recordar…”. A partir de ese momento cada canción se me presentó como un tesoro, expuesto dentro del museo de tu concierto. No logré captar el valor real de cada una de estas maravillas, pero me parecieron invaluables. Fue como sentir, a través de la vista y el oído, una serie de recuerdos seleccionados minuciosamente y ordenados en una colección que recopila una vida de experiencias dignas para ser preciadamente guardadas en lo trascendental de una melodía. Fue mágico, me gusta la magia.


Es raro ver como florecen en mi interior tantas emociones de forma simultánea y casi instantánea, no soy un experto sintiendo, es más, cuando comienzo a hacerlo lo identifico como un caos explosivo que nace en la parte superior de mi pecho para culminar en la zona nasal de la cara. No tengo idea qué pasa ahí dentro, pero así es como comienza a manifestarse, después, a medida que se desarrolla, se torna cada vez mas confuso, avanzando a paso firme hasta volverse indescriptible. Es naturalmente desquiciado.

Como ya habrás notado, no se cómo explicar todo lo que sentí, no creo poder encontrar una palabra lo suficiente poderosa, o una oración con la potencia necesaria, como para aproximarse un poco a lo que intento expresar. No creo que sea necesario comprenderlo, tampoco posible, sólo sé que tengo que vivir lo suficiente como para proyectar algo similar a lo que hiciste. Por eso sigo buscando mi escenario, que a pesar de lo escondido que parece estar, todavía puedo encontrarlo. ¡Qué suerte tuviste de encontrar el tuyo tan temprano! Aunque la buena fortuna no es lo único necesario para triunfar; puedes tener la casualidad de encontrar tu escenario, pero se requiere verdadera valentía para aferrarte a él, sin importar lo oscuras y tenebrosas que sean esas noches, cuya indispensable presencia le arrebata el alma a muchos, y forja carácter en los pocos que con coraje se ganan el derecho de pararse sobre él. Tú lo lograste, y con honores; conociste (muy joven) a una mujer que te ha acompañado a lo largo de casi toda tu vida, forjaste una familia que te ama, y todo eso sin ni siquiera pensar en transar la pasión de tu vida. En mi opinión, una admirable victoria.

Sin duda alguna, soy muy afortunado de tenerte cerca, eres una de las personas que prueban que mi búsqueda es posible y que recolectar cada memoria que crea valiosa, por más ordinaria que se presente, es útil e importante. Por todo eso y mucho más te estoy agradecido, el destino no pudo entregarme un mejor referente, encargado de reflejar el lugar donde quiero llegar. Tengo claro que nuestros caminos son completamente distintos, con nortes distintos, y mi corazón, apoyado por mi cerebro, se encargará de guiarme por donde sea que mi odisea me lleve, no obstante, es confortante saber que tengo un par de puntos de referencia, que al igual que un faro, oriente mi paso por este mundo inyectándome confianza cada vez que todo se torne borroso. Tú eres uno de esos, por lo que voy a estar siempre agradecido, al igual que con todas aquellas personas que han optado por ayudarme a que me mantenga en mi sendero, son todo lo que puedo pedir.


Todavía me queda mucho por decir sin embargo, preferiría guardarlo para otra ocasión, después de todo nos queda mucho por vivir, y creo que es tiempo de empezar a actuar. Nuevamente, gracias por todo, eres una inspiración para mí.

Desde y para siempre, tu nieto
Raimundo Zabaleta Allende
Wom Jr.

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